Tu regla es ignorarme.
tu ley, darme la espalda.
cubrirme con oro y cantera
para dejar que una fiera me devore.
Tu cuerpo medio cubierto tras una toalla
es un festín, es un motivo.
Al mismo tiempo es y no es lo que quiero encontrar
en el agua y luz de mi regadera.
Ahí con tu rostro y cabello mojados,
con la piel y pelvis húmedas,
buscare tu reflejo,
eternamente distorsionado en ese espejo.
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